Buceando por la Vida


Mi nombre es Ana Luisa López Aguilar, orgullosamente hondureña, 37 años de edad, madre de un hermoso varón y esposa de un maravilloso ser humano. Actualmente, soy Property Manager e Instructora de Buceo en la bella Isla de Roatán. Quisiera empezar agradeciendo a Dios por la bendición de ser escogida por la brillante creadora de Honduras y Desafíos, Lucrecia, y permitirme compartir a la par de mujeres extraordinarias y exitosas, un pequeño mensaje de motivación y ánimo. A todas esas mujeres que encontramos La Verdadera Felicidad en los momentos que nos regala la vida de poder servir, ser útiles o aportar algo. No todas las veces el resultado es exitoso, o conseguimos complacer personas difíciles, pero nuestra mejor recompensa y satisfacción siempre será el haber servido como nos gusta, con la mayor de las alegrías. Como decimos las catrachas - ¡al cien! 

Desde muy pequeña, el encanto del mar me cautivo y era donde mi corazón se sentía a gusto y quería permanecer. A los tres años de edad, en una de las playas de Puerto Cortés donde vivíamos temporalmente por el trabajo de mi papá, mientras caminaba con mi mama le comenté, “Cuando yo sea grande, voy a vivir cerca del mar”.  Mientras me sostenía la mano, me la agarro más firme y con una sonrisa en la cara me dijo, “Así va ser mi amor”. Creo que fue una de las etapas más felices de mi vida, la recuerdo como si fuera ayer. Tengo la bendición de tener unos padres ejemplares, me regalaron una hermana excepcional, y no tengo más que bellos y divertidos recuerdos del tiempo que vivimos los cuatro juntos. Con el tiempo mis padres se separaron, muy ordenadamente y nunca dude que Dios y el destino tuvieran preparado algo especial para cada uno de nosotros. Mi padre formó otra hermosísima familia, actualmente residiendo en Estados Unidos, mi hermana y yo crecimos nuestra adolescencia junto con nuestra guerrera mamá, a todo dar, sin miedo a nada y con valor a todo lo que una madre con dos responsabilidades tenía que enfrentar. Nuestro negocio familiar era brindar un servicio delicado que requería de mucho tiempo, responsabilidad, sacrificio y dedicación. 

Tenía la mejor jefa; mi madre, y junto a ella aprendí lecciones que ninguna maestría en Harvard puede enseñar. En todo ese tiempo, la vida me preparaba para algo, pero no sabía exactamente para qué. Entonces el ritual cotidiano con mi mama, el cual trato de conservar aún, consistía en empezar el día a oscuras, horas antes de que saliera el sol. Primero alimentando nuestro espíritu, agradeciendo a Dios no importando nuestras circunstancias por un día más. Segundo, una rutina de ejercicio físico, para fortalecer y mantener un sistema inmunológico saludable. Tercero, organizar y programar las tareas del día, para que los contratiempos que siempre son comunes de presentarse y que no nos agarren desprevenidas. Ésta cultura de disciplina de trabajo ya la traía en la sangre y mi mamá se encargó de refinarla. A causa de varios factores ajenos a nuestra voluntad, en el 2007, tuvimos que finalmente entregar a otro dueño nuestra empresa que con tanto amor cuidamos y que nos ayudó a alimentar por años a más de 300 familias. Pero el final de esta etapa no era más que el comienzo de la aventura de mi vida. Roatán tiene magia y no ocupa trucos, desde años venía hechizando. 

La visite por primera vez en 1994 a los once años de edad con mi mama y mi hermana. Cuando la vi, solo pude pensar que era como un pedazo del cielo caído en medio del mar.  Fue en ese 2007, un año de fuertes decisiones para mi mamá, mi hermana y yo, que Dios puso la pieza que hacía falta en mi rompecabezas para determinar mi salto definitivo a Roatán. En el 2010 conocí al amor de mi vida, mi hijo Kerry Dave; la misión más importante de mi vida. No pudo mi hijo tener mejor bendición que crecer en este paraíso. En Roatán, se vive limitado de varias cosas, pero al mismo tiempo se ganan otras que no tienen precio. Mientras emprendía esta misión de ser mamá, tuve que aprender a balancear el trabajo manejando un Vacation Rental Villa y otro reto más con el que Roatán me sorprende introduciéndose a conocer su verdadero edén. Dentro del encanto de sus aguas cristalinas, se encuentra el segundo arrecife de coral más grande del mundo, una vida marina con más de 4,000 diferentes especies de peces y plantas.  Definitivamente, debajo de Roatán vive el segundo pulmón que mantiene respirando los Océanos de nuestra Tierra. Todo esto lo conocí por medio del buceo recreativo. Cada vez que hago una inmersión, y entro a ese mundo mágico, me pregunto,¨¿por qué no te conocí antes?” Pero la verdad es que nunca es tarde. El momento perfecto para aprender a bucear es cuando una persona decide experimentar una conexión con Dios, la naturaleza y con uno mismo simultáneamente. 

Debajo del mar no hay wifi pero existe una conexión sobrenatural. Y así como en el mar, buceo también por la vida, un respiro a la vez. Buceando vemos un reflejo de nuestras vidas fuera del mar. Apreciamos como la vida marina tiene un ciclo, se termina uno y otro vuelve a comenzar. Así fueron los míos para llegar a vivir cerca del mar que tanto soñé. Buceando y nadando entre 16 tiburones, me he sentido más segura y confiada de estar en la vida, que sentada al lado de un amigo falso. He visto por medio de la simbiosis marina, la perfecta relación que deberíamos de tener los seres humanos, para establecer el apoyo mutuo que necesitamos el uno del otro para sobrevivir. Buceando cuevas estando dentro de la oscuridad, se aprecian las más hermosas y delicadas entradas de luz que se van intensificando hasta llegar a la salida. Así mismo es cuando nos encontramos abrumados en algún camino que creemos no tener salida, aparece milagrosamente una solución y encontramos alivio. En los buceos nocturnos me percate como cada especie brilla con su propia luz, no necesitan apagar la luz de otras para sobresalir. En esos minutos bajo el mar, un respiro a la vez, me ayuda a reflexionar sobre lo que Dios quiere que aplique en mi vida cotidiana. 

Entonces  queridas mujeres, no importa donde estemos, cada tanto miremos atrás sin miedo para apreciar las bendiciones que tenemos en nuestro presente, lo que nos costó llegar donde estamos y seguramente siempre vamos a querer más, tal vez no en cantidad, pero sí en calidad, siempre lo lograremos porque somos más fuertes de lo que creemos y con Dios de nuestro lado, nunca nada es imposible. Cuando creas que estés lista para esta experiencia, puedes contar conmigo para yo tener el honor y placer de compartir contigo más historias debajo del mar. 

Con cariño Ana 


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